Amor incondicional

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Amor incondicional. Esto es lo que debemos a las personas que traemos a este mundo.

Demasiado a menudo, nuestro amor está condicionado. Cuando les privamos temporalmente de nuestro amor por su mal comportamiento. Cuando respondemos a sus crisis con rabia y frustración. Cuando hablamos con ellos como si fueran menos. Cuando actuamos como si nos debieran algo. Cuando creemos que somos más porque somos sus padres y ellos son nuestros hijos. Cuando los amenazamos, incluso “pórtate bien o nada de helado”. Cuando creemos que estamos en condiciones de enseñarles. Todas esas veces, les amamos “siempre y cuando”.

Oliver a veces se despierta de mal humor. Lo sabemos tan pronto como abre los ojos y no podemos hacer nada al respecto. No importa lo que digamos o hagamos, él no es feliz. Su cerebro se fija en algo que no puede tener — algo impensable para desayunar, algo nuevo — y se acabó. Intentemos e intentamos e intentamos, pero no podemos cambiar su estado de ánimo.

Uno de esos días, estábamos en Budapest y salíamos a visitar el centro. Oliver quería helado: habíamos comido uno el día anterior y le dije que no comeríamos otro hoy. Siguió repitiéndolo y nosotros seguimos pidiéndole que parara. Se volvió tan insoportable que decidimos llegar a un compromiso para intentar salvar el día: le ofrecimos un helado después del almuerzo. Ni siquiera aceptó esto. Era ahora o ahora, cero compromisos.

Se paró frente a una heladería y no quería moverse. Bajé a su nivel, de rodillas, les cogí las manos, le miré a los ojos y le dije con calma: “Veo que quieres un helado. Podemos tomar un helado después del almuerzo. ¿Vamos a almorzar ahora?”. No funcionó, mis palabras no le llegaban.

Estaba en la puerta y los clientes no podían entrar, así que cogí su mano y le moví suavemente hacia un lado, pero gritó “¡NO!” y volvió a la puerta. Fue entonces cuando perdí la paciencia, le cogí en brazos y comencé a caminar por el centro de Budapest con él que gritaba, me daba patadas y puñetazos, mientras todos nos miraban.

Seguí caminando, manteniéndolo fuerte para no dejarlo escapar y cuando encontré un lugar privado, le senté en un banco. Él abrazó a Alex y siguió llorando. Me tomé un momento para respirar — un lujo que no siempre tengo en estas circunstancias — y me calmé, pero estaba triste por cómo había ido, por no haber sabido hacerlo mejor, por no haber sido lo suficientemente fuerte como para controlar mis emociones.

Esperamos que se calmara y fuimos a la primera cafetería que encontramos para comer. Después del almuerzo, se sentó solo en un banco cercano y se quedó allí mucho tiempo. Lo que sea que estuviera pensando, estaba claro que necesitaba su espacio. Cuando llegó el momento de irnos, me senté a su lado, él me abrazó y yo me disculpé. Luego se quedó dormido en el cochecito y “reiniciamos” el día.

Mientras él estaba sentado en el banco, Alex y yo hablamos. Pensamos en lo que hicimos mal, en lo que podríamos haber hecho de otra manera. Nos dimos cuenta de que probablemente no se trataba del helado, sino que estábamos decidiendo todo nosotros esa mañana y él necesitaba tener algo de control: dejarlo decidir dónde ir y seguir a su guía podría haber tenido un resultado mejor sin la necesidad de llegar a la crisis.

Nos recordamos que estamos en una casa nueva, en una ciudad nueva, con un idioma nuovo y rutinas nuevas: nos está costando a todos, y es normal. Hablamos sobre algunas frases que deberíamos evitar y cómo reemplazarlas por otras que sean más respetuosas y menos condicionadas.

Reconocimos lo difícil que es lidiar con él a veces, cuánto nos cuesta a veces entenderle y admitimos mutuamente que sentimos menos amor hacia él cuando está de mal humor (creo que decir en voz alta las verdades incomodas sea muy importante).

Pero también acordamos en dos cosas:

1. Cuando todo nos parece una lucha con él, es precisamente cuando él más nos necesita. Es el momento de acompañarle y de mantener el control de nuestras emociones, porque (como dijo una de mis lectoras) alguien tiene que mantener la calma.

2. NOSOTROS somos los que tenemos que cambiar, porque no importa lo difícil que sea, los padres deben amor incondicional hacia los hijos. Les debemos compasión, comprensión, empatía y todos los matices de amor en el medio.

Cada vez que fallamos, nos equivocamos y lo pensamos en maneras de hacerlo mejor, evolucionamos como padres y al día siguiente volvemos a empezar. Con aún más paciencia, aún más comprensión, incluso más amor.

Solo si aceptamos que nuestros hijos no nos deben nada, que se lo debemos todo a ellos. Que tenemos poco que enseñar y mucho que aprender. Que el tamaño de nuestro orgullo es directamente proporcional a los fracasos de la crianza. Que cuando nos “desafían” o nos hacen luchar, no se trata de nosotros, se trata de ellos. Que la forma en que actuamos, nos comportamos y hablamos con ellos moldea la forma en que actúan, se comportan y nos hablan.

Solo cuando aceptamos todo esto podemos criar a nuestros hijos con respeto, dando la bienvenida a una educación pionera, diferente de aquella con la que, tal vez, hemos sido criados nosotros.


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La mujer detrás de las palabras

Me llamo Carlotta, tengo 33 años, soy italiana, estoy casada con un finlandés, y juntos criamos a Oliver (4) y Emily (2) Montessori e multilingües. Estamos vendiendo todo para viajar por el mundo.

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  1. Ciao Carlotta, mi sono ritrovata molto nelle tue parole e i protagonisti dell’episodio che hai raccontato potremmo essere io e Niccolò. Ho letto in passato ed in questi giorni ho ripreso in mano “Amarli senza se e senza ma, dalla logica dei premi e delle punizioni a quella dell’amore e della ragione” di Alfie Kohn, un libro bellissimo sul concetto dell’amore incondizionato. E’ davvero difficile amare sempre così, e spesso non ci riesco. Non voglio essere una mamma perfetta per i miei figli, ma una mamma che sa riconoscere quando sbaglia e sa chiedere scusa. Spero di riuscirci.
    Buone avventure!

    • Carlotta - julio 11, 2019

      Hai ragione, Ilaria! Grazie per questo tuo commento.
      Ps. Quel libro è bellissimo, è uno dei tanti che consiglio varie volte nel mio corso. 💕

  2. Questi “momenti no” alle volte servono proprio per ricordarci in che direzione vogliamo andare. Paradossalmente, la crisi di Oliver è stata lo spunto per importanti riflessioni tra te e Alex su come comportarvi in questo vostro periodo molto bello ma anche molto faticoso per vari aspetti. Nulla accade per caso 😉

  3. Valentina - julio 14, 2019

    Ciao Carlotta!
    I tuoi post capitano sempre nel momento giusto.Siamo appena tornati da un weekend nel quale,con il nostro duenne,abbiamo affrontato momenti come quello che descrivi tu.Tanto da dirci “ma non potevamo rimanere a casa?”(parliamo di un bimbo che fino all’anno scorso ci ha fatto fare tutto!)
    Tu e Alex siete stati bravi a fare squadra e a mettervi in discussione.Spesso noi non ci riusciamo, e io e mio marito alziamo la voce tra di noi.
    Poi quando siamo in giro con nostro figlio urlante e scalciante,i figli degli altri ci sembrano sempre così bravi e angelici…sarà una distorsione di percezione? 😉

    • Ti ringrazio per il tuo commento, Valentina! Mi hai fatta sorridere… non sei l’unica, anche noi abbiamo degli incontri ravvicinati del terzo tipo con una mini persona che fino a dieci minuti ci sembrava di conoscere e poi ci cambia sotto gli occhi. In fondo, una ragione ci sarà per cui chiamano i due anni “i terribili due” e i tre “la prima adolescenza”! 😂 Un abbraccio 🌸

  4. Cara Carlotta, oggi in particolare leggo con così tanta gioia le tue riflessioni. Grazie con tutto il cuore per ispirarmi e per supportare anche senza volerlo il mio stesso sentire. I bambini sono portali di luce e di gioia, e se siamo davvero pionieri come dici tu…allora torneremo piano piano a costruire relazioni meravigliose. Paradossalmente i bimbi sono anche un grande potenziale fonte di stress…ma, come diceva qualcuno, è meglio passare dalle porte strette per raggiungere le cose più belle e più vere. Inutile dire che mi sono ritrovata perfettamente nel tuo episodio con Oliver. Non so descrivere la rabbia che mi monta su e la fatica che faccio a mantenere la calma quando Giovanni si butta per terra perché non gli arriva ciò che gli dico e vuole fare ciò che vuole lui. Però chiedere scusa dopo la tempesta e lasciare spazio aiuta sempre a ricominciare meglio e a fare anche solo qualche piccolo cambiamento di mira.
    Un abbraccio da Venezia

    • Carlotta - agosto 6, 2019

      Cara Paola, grazie per il tuo commento! “Meglio passare dalle porte strette” mi è piaciuta 🙂 Come scrivo nel mio corso online: le scorciatoie nella maternità non portano mai a dove vogliamo arrivare… e per me alla fine è sempre vero! Ti abbraccio stretta e grazie ancora di cuore per aver dedicato qualche minuto a lasciato due parole qui… mi fa tantissimo piacere.

  5. Ciao Carlotta, ti ringrazio per le tue condivisioni. Le tue parole riescono spesso a descrivere anche i sentimenti e i pensieri che viviamo noi con la nostra famiglia. Sei di un grande aiuto nel formulare a parole la quotidianità. Un grande grazie. Più in generale leggo spesso i tuoi post… Grande ammirazione.

    • Grazie a te, le tue parole mi regalano un sorrisone enorme! E mi fa tantissimo piacere leggerti, spero che continuerai a commentare 💕


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