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Cinco cosas que he aprendido acerca del matrimonio

sep 21, 2015 • Mamás, papás & niños

Hoy Alex y yo hace cinco años que nos casamos. Y ocho que nos conocimos. Lo se porque nuestra primer cita fue también el 21 de septiembre, cuando me invitó a almorzar diciendo, “Deberíamos ir a comer juntos”—y era la primera vez que me hablaba en dos meses de idas y vueltas al restaurante, de sentarse y mirarme fijamente en silencio mientras esperaba su pizza para llevar.

En estos años juntos, nuestra relación me ha enseñado mucho, pero cinco cosas han sido fundamentales para mi, porque han significado grandes cambios en nosotros como individuos:

  • Respetarse. No digo solo el respeto que tiene que estar a la base de cualquier relación entre dos personas que condividen la vida. Hablo del respeto en los detalles. A Alex no le gusta que le diga, “Lo haces siempre” porque ese siempre no es justo. A mi no me gusta que Alex me pregunte, “Estás lista?” cuando me estoy preparando para salir. Nadie dice que es fácil evitar lo que molesta al otro, pero es imprescindible intentarlo. Siempre.
  • Cogerse de la mano. El contacto es una fuerza increíble. Sentir y ver el contacto de nuestras manos nos recuerda porque viajamos juntos en el tren de la vida. Alex y yo tenemos un acuerdo: cuando discutimos y sentimos que no lo tenemos bajo control, nos tomamos de la mano, no importa lo enfadado que estemos y si no tenemos ganas de hacerlo. No es una varita mágica, pero hace una gran diferencia.
  • Nunca dejarse enfadados. Si tenemos tiempo, discutimos hasta durante horas, hasta que ya no haya nada que decir o nos tranquilicemos. Sin embargo, si tenemos que irnos al trabajo o a la cama o debes dejar la discusión, intentamos solucionarlo antes. Es casi como tener un botón pausa, similar al que tenían Marshall y Lily en "Como conocí a vuestra madre". Probablemente seguiremos discutiendo luego o a la siguiente discusión (que llegará) pero nos dejamos con una sonrisa y un “I love you”.
  • Aceptar que somos diferentes. Yo soy sociable, él es un introvertido. Es una de esas diferencias tan profundas que no se pueden cambiar—y además, querer que las cosas sea diferente un día sí y otro también es agobiante! Pero podemos aceptarlo. Así que yo acepto que tendré que ir sola a la mayoría de eventos grandes y fiestas nocturnas, y él acepta que tendrá que participar en algunos de ellos.
  • El sexo tiene altos y bajos, y está bien así. El sexo es importante, es imprescindible, pero no nos amamos menos porque no tengo ganas de ponerme sexy para él en el noveno mes de embarazo o después de una noche sin dormir. Somos personas racionales—sí, él también, un hombre con su ego, sus necesidades y blah blah blah—capaces de entender y hacer compromisos. Y hace toda la diferencia del mundo.