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Como ser padres mejores según la filosofia Montessori

jul 15, 2016 • Mamás, papás & niños

Oliver está pasando por una etapa difícil: llora mucho cuando estamos en casa. No he entendido aún si es por falta de estímulos, malestar general causado por los dientes, aburrimiento de estar siempre con mamá, una combinación de todas esas cosas, o si es, de hecho, sólo una fase (que es lo más probable!).

El problema es que su llorar sin motivo aparente me pone muy nerviosa y, desde el principio, es la única cosa que me molesta muchísimo. No estoy hablando de pequeñas quejas, es llorar a estilo rabieta. Me vuelve loca.

El curso Montessori más reciente que tomé trató de la transformación del adulto, que es absolutamente necesaria en un entorno Montessori—o en cualquier entorno, en mi opinión. María Montessori escribió en El secreto de la infancia:

El adulto es parte del entorno del niño; el adulto debe ajustar a sí mismo a las necesidades del niño, no debe ser un obstáculo para él y sustituirse al niño en las actividades esenciales para el crecimiento y el desarrollo.

Al final del curso todos tuvimos que elegir un aspecto de nosotros mismos que queríamos mejorar: yo elegí la paciencia y el control de la rabia, y tengo que admitir que ha sido muy difícil, probablemente el reto más difícil de este viaje Montessori hasta ahora.

Así que hoy voy a darte el mismo reto: iniciar tu propia transformación, empezar a trabajar en algo que te cuesta con el fin de convertirte en un mejor padre para tus hijos y una persona mejor. Antes de elegir tu reto, te explico rápidamente lo que significa “transformación del adulto”  en Montessori y te cuento una anécdota divertida (en retrospectiva) de hace unos días.


De acuerdo con la filosofía Montessori, hay cuatro aspectos de la transformación que necesita realizar una persona que quiere convertirse en guía Montessori (“guías” es como se llaman los maestros en una escuela Montessori):

  • Espiritual y emocional (que implica un cambio de actitud hacia el niño y la vida en general)
  • Físico (que implica mantener un estilo de vida saludable, prestar atención a nuestro tono de voz, evitar vestirse de manera extravagante)
  • Intelectual (entender el desarrollo del niño, que es un proceso de aprendizaje continuo)
  • Técnica (saber utilizar los materiales y saber cuándo intervenir y cuándo no)

Para un padre como tú y yo, sin embargo, creo que la transformación más importante—que dará forma a la relación con nuestros hijos—es la primera, la emocional. Realizar una transformación emocional significa, entre otras cosas:

  • Aprender a confiar en nuestros hijos y siempre darles el beneficio de la duda: María Montessori dice que no hay mal niño y yo le creo; un niño que se porta male está dando una señal de que ha encontrado un obstáculo en su desarrollo y es nuestro trabajo de padres entender y ayudarles a entender.
  • Aprender a ser paciente, aceptando el ritmo del niño, y ser comprensivo cuando su comportamiento no cumple con nuestras expectativas.
  • Aprender a ser perseverante cuando las cosas no salen como queremos.
  • Aprender a ser humilde y admitir nuestros errores.
  • Aprender a reconocer y gestionar nuestra ira para ayudar a nuestros hijos a reconocerla y gestionarla ellos mismos.
  • Aprender a escuchar activamente, que es el primer paso para que una persona se sienta valorada.

Ahora, antes de comprometerte con esto, quiero que sepas que va a ser duro y que vas a cometer errores una y otra vez. Es importante darse cuenta de que esto es una transformación lenta—que tardará años—por lo que no puedes ser demasiado estricto contigo mismo, tienes que admitir cuando fallas y tratar de mejorar la próxima vez. Esto es uno de mis recientes fracasos.

Hace unos días llevé a Oliver al parque. Como todos los días, se quedó dormido en el coche volviendo a casa, que significa que luego le puedo poner a dormir directamente en su cama y tener una o dos horas libres para cocinar una comida sana, escribir, relajarme, limpiar. Tiempo para mí.

Cuando llegamos a casa, dejé la puerta abierta y le llevé directo a su habitación, pero al ponerle en la cama todas (todas!) las puertas del piso se cerraron de un golpe por el viento. Oliver no se despertó. Pero entonces Colbie empezó a ladrar porque se quedó encerrada en una de las habitaciones. Oliver abrió los ojos, yo corrí medio frustrada a callar a Cobie y volví corriendo a Oliver para intentar dormirle otra vez. Contra todo pronóstico, funcionó.

Pero entonces la puerta que había dejado abierta ce cerró de un golpe. Oliver levantó la cabeza, con los ojos muy abiertos, pero por no sé que milagro volvió a apoyar la cabeza y parecía dormirse. En este momento el vecino llamó al timbre para que decirme que la puerta estaba abierta (no me digas?!). Yo corrí frenéticamente—y ahora enfadada—a la puerta, le despedí no tan cortésmente como habría podido, cerré la puerta y volví a Oliver. Pero era demasiado tarde, él estaba completamente despierto y yo acababa de perder mi tiempo personal (que ultimamente necesito como el aire).

Traté obsesivamente de volverlo a dormir durante unos 20 minutos, pero él me miraba fijamente con ojos interrogativos, y yo me sentía más y más frustrada. La verdad es que estaba muy enfadad, necesitaba mi tiempo libre. Traté de calmarme, lo llevé a la cocina y le puse en su torre de aprendizaje, pero cuando me di cuenta de que no había nada para comer (eran las 14:00 y tenía muchas hambre!) me puse a llorar por un misto de frustración, ira, decepción.

Claro, ultimamente estoy muy emocional—una mezcla de hormonas del embarazo, falta de sueño de calidad y dificultades para adaptarse a nuestra nueva realidad—pero no debería dejarme llegar a ese estado de ánimo. No es bueno para nadie y no mejora ninguna situación. Luego, cuando tuve un minuto para sentarme, volví a pensar en lo que había pasado y mentalizarme en lo que habría podido hacer ne lugar de lo que hice.

Al día siguiente, ocurrió algo parecido y estaba a punto de perder mi tiempo personal otra vez: pero acordándome del día anterior, me calmé (todavía no bien como habría podido) y pacientemente, respirando profundamente, esperé a que Oliver volvió a dormirse. Y lo hizo.

Así que esto es lo que estoy trabajando, poco a poco, munito por minuto. La paciencia y el control de la ira.

Ahora, ¿cuál es tu reto? ¿Qué quieres mejorar de tu forma de ser padre?