La Tela di Carlotta
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El poder de crear habitos (y porque deberías hacerlo, aunque luego los rompas)

mar 24, 2019

Foto: recuerdo de nuestra luna de miel en California

Decidí empezar a correr de nuevo. Para que entiendas qué tan grande es esta decisión para mí, necesitas saber una pequeña historia.

Siempre odié correr. Hace cinco años, decidí intentarlo de todos modos. Durante el primer mes, me quejaba a cada paso, me dolía todo el cuerpo y lo odié aún más. Cada centimetro era como una puñalada en el costado y cada corsa era un momento muy desagradable para todos los involucrados (Alex y yo). Mi ritmo era ridículo, alrededor de 8’/km, básicamente, estaba rebotando caminando más que corriendo.

Pero había decidido seguir con eso y lo hice. Durante todo un mes, odié cada segundo,  luego algo pasó. Un día, salí y empecé a correr más rápido, mi cuerpo no dolía, miré a mi alrededor y recuerdo que por primera vez aprecié el hermoso amanecer que hasta entonces había ignorado.

Mi cuerpo y mi mente habían aceptado esa forma de ejercicio y yo había creado un hábito. Corrí durante un año y empecé a amarlo y extrañarlo cuando no podía salir. Estaba en la mejor forma de mi vida. Disfrutaba aun más mis clases de baile, porque nunca estaba cansada. Me sentía genial.

Cuando me quedé embarazada de Oliver, seguí corriendo, luego pasé a caminar en los últimos dos meses y seguí caminando 5-8km al día una vez que él nació. En algún momento, sin embargo, paré por completo.

Así que el otro diá estaba muy nerviosa de ponerme mis zapatillas de correr, dejar a los niños en el colegio, darle el play a mi música y empezar a correr. Pero eso es exactamente lo que hice y… ¡me sorprendió!

Fue fácil.

Sí, fácil de verdad! No hubo resistencia por parte de mi cuerpo ni de mi mente. Me dolía todo, sí, pero sabía cómo manejar el dolor: simplemente seguí repetiéndome “El dolor es temporal, rendirse es para siempre”, que era mi lema en ese primer mes hace cinco años. Pensaba que iba a ritmo de tortuga, pero cuando revisé mi ritmo al final de los 5k, estaba por debajo de los 6’/km.

Un hábito es como un paso de baile: una vez que lo sabes, ¡puedes replicarlo!

Empezar a correr de nuevo me enseñó esto: así como tus músculos tienen memoria para los ejercicios, ¡tu mente tiene memoria para los hábitos! Cuando aprendes un hábito, aunque lo rompas, volver a él siempre será más fácil que la primera vez. Puede parecer obvio, pero creo que a menudo no nos damos cuenta del poder de crear hábitos.

Ayer, mientras corría, me di cuenta de que un hábito es como un paso de baile: cuando puedes hacerlo una vez, siempre puedes replicarlo. Y se aplica a todo en la vida.

Hace diez años, creé una escuela de idiomas desde la nada. El comienzo fue difícil, pensé en rendirme varias veces, pero no lo hice y en solo 6 meses trabajaba de 9:00 a 21:00 sin parar. Hace dos años, decidí parar de dal clases, pero lo hice una vez, así que siempre podré volver a crear un negocio similar.

Hace dos años lancé mi primer curso Montessori. Había tanta resistencia en mi mente, “¿Será lo suficientemente bueno?”, pero lo terminé y lo publiqué y ha estado vendiendo desde entonces. Mi primer producto. Ahora que estoy escribiendo mi segundo curso, todavía hay resistencia, ya que es un nuevo territorio, pero… lo hice una vez, puedo volver a hacerlo.

Antes de este blog, en 2007 tenía otro blog personal y cada publicación tenía más de 50 comentarios (esto fue antes de que Facebook empezara de verdad y la gente lamentablemente paró de dejar comentar en el blog y comenzó a comentar solo en las redes sociales). En ese momento no me di cuenta de lo raro que era eso y cuando mi negocio de idiomas despegó, abandoné el blog (¡tonta!). Pero esa experiencia me hizo sentir más segura de mí para empezar este blog: lo hice una vez — puedo volver a hacerlo otra vez — ¡y hoy es mi trabajo!

La lista continúa: una vez dejé de comer azúcar, puedo volver a hacerlo; una vez hice meses de los entrenamientos en casa más duros que existen, puedo hacerlo de nuevo; una vez me mudé a otro país para siempre, puedo hacerlo de nuevo; una vez seguí la el estilo de comida paleo durante cuatro años, puedo volver a hacerlo.

Y sí, estoy totalmente presumiendo, porque la mujer flexible, siempre cambiante, ecléctica, decidida y segura que soy hoy no nació en un día. Nació en 12 años de altibajos, a través de éxitos y fracasos, especialmente fracasos.

Crear hábitos moldea tu vida y tu forma de pensar

Estos últimos 12 años de continuos desafíos para crear hábitos me han enseñado mucho y quiero compartirlo contigo porque creo que ha cambiado toda mi vida y mi forma de pensar.

Primero, me ha enseñado a no tener miedo a los desafíos y siempre acogerlos con brazos abiertos. Y me ha enseñado a usar esta mentalidad también cuando se trata de desafíos para mis hijos.

Me ha enseñado que cada vez que tenga la oportunidad de crear un hábito — que sea no quejarme durante un mes, hacer yoga todas las mañanas, jugar una hora al día con los niños — debo intentarlo. No es fácil, pero es siempre beneficioso.

Me ha enseñado que cada vez que tenga la oportunidad de demostrarme a mí misma que puedo lograr algo — ya sea cocinar una tortilla de patatas, publicar un libro o correr un maratón — debe tomarla. Pondré ese logro específico en el cajón mental de las “cosas que puedo replicar en cualquier momento”.

Me enseñado que cada vez que tenga la oportunidad de cambiar algo en mi vida — peinado, trabajo, país — debo hacerlo, especialmente si ese algo no me hace feliz por muchos días seguidos. El cambio es la cueva oscura en la que necesitas entrar para encontrar el tesoro — y siempre hay un tesoro.

Como Steve Jobs dijo una vez: “Nunca puedes conectar los puntos mirando hacia adelante, solo puedes conectarlos mirando hacia atrás”. El otro día, mientras corría, tuve uno de esos momentos de conectar-los-puntos: crear hábitos ha sido lo que ha moldeado MÁS mi forma de pensar, enfrentar los desafíos, conocer mi valor, aprender mis capacidades y caminar por la vida con confianza.

Todos hablan sobre el poder de los hábitos, pero es CREAR esos hábitos — el viaje, no el resultado final — donde se encuentra el verdadero poder.

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