Hemos perdido Froggy :-( 

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Es innegable, los papás son menos atentos que las mamás.

No es que no les importa, sino que no piensan en las consecuencias. Así, cuando le dan un trozo de comida a sus bebés, no piensan “Subimos las mangas así mamá no tiene que hacer otra lavadora”. Y no se dan cuenta de que dejar al bebé gatear en el suelo (no exactamente limpio) de la cocina después de haber puesto el pijamas y justo antes de ir a la cama, no es muy buena idea.

Así que cuando Alex estaba paseando con Oliver en el carrito en el centro comercial y le dio su sonajero favorito, probablemente no pensó: “Últimamente tira todo al suelo, mejor estar pendiente del sonajero así no lo perdemos”.

Y así fue. En algún lugar entre Zara y C&A, Oliver — ehm, Alex — perdió Froggy. Volvimos sobre nuestros pasos con la esperanza de encontrarlo (en un centro comercial lleno de gente un sábado por la tarde, que tontos!), pero ya no estaba.

Ahora, me habría puesto un poco triste por cualquier juguete, pero aún más por Froggy, ya que era uno de nuestros favoritos. Típico, no? No solemos comprar muchos juguetes para Oliver — prefiero libros o algo que encuentre y explore por la casa (botellas de agua, utensilios de cocina, mando…) y la mayor parte de los juguetes que tiene se los han regalado. Pero cuando decidimos comprar un juguete, nos gusta que sea de buena calidad, de diseño simple, y posiblemente hecho de materiales naturales (me encanta la madera).

Froggy era un sonajero precioso, con un sonido dulce (perfecto para los oídos de mamá y papá), hecho 100% a mano de algodón natural y bastante grande (15 cm) comparado con la mayoría de los sonajeros — fácil de agarrar y suave de chupar.

Era sorprendentemente resistente y cuando tuve que lavarlo después de unos meses de uso se secó super rápido — lo lavé a mano, usando el mismo detergente que uso para la ropa de Oliver, y a las pocas horas estaba seco y listo para usar. Simplemente perfecto!

Oliver no le tiene mucho cariño a ningún juguete o peluche en particular, pero Froggy era lo más parecido que tenía a un juguete favorito. Cada vez que se lo daba, me daba una gran sonrisa, y luego lo hacía sonar, le comía los ojos, jugaba con él durante mucho tiempo y, a veces, incluso se ha quedado dormido en el carrito aguantándolo (que hoy en día es un milagro).

Y casi peor todavía, no sólo lo hemos perdido, sino lo perdimos antes de que pudiera tomar buenas fotos para la revisión en La Tela. Desplázate hacía arriba para ver las únicas dos que tengo — en la segunda la modelo es la bisabuela Bruna… a ella también le encantó! 😉

PS. Compramos Froggy en jugaryjugar. Y ahora tienen también un bonito zorro, además del cerdito y del búho. 🙂


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La mujer detrás de las palabras

Me llamo Carlotta, tengo 33 años, soy italiana, estoy casada con un finlandés, y juntos criamos a Oliver (4) y Emily (2) Montessori e multilingües. Estamos vendiendo todo para viajar por el mundo.

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