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La historia de mi parto express

may 18, 2015 • Mamás, papás & niños

Sabéis los partos de las películas, cuando los padres corren al hospital, la mujer da un empujón y tiene al bebé en sus brazos? Mi parto fue más o menos así y —para demostrar que no todos los partos son historias de guerra — os lo cuento.

Mi fecha era el 18 de marzo, pero desde siempre yo sentía que Oliver iba a llegar antes. Además, desde la semana 37 seguía repitiéndole cuanto amor, luz y espacio había aquí fuera… y él es un niño inteligente ;-)

El martes de la semana anterior, parecía que iba a empezar. Tenía la contracciones de Braxton Hicks desde hace meses, pero esa noche les acompañaba un dolor raro en la ingle, como un ardor. Después de un par de horas, sin embargo, estaba claro que si algo iba a empezar, era solo otra noche incómoda y sin dormir.

Pero tenía razón, Oliver habría llegado antes de tiempo…

Domingo 15 de marzo

Son las 4:30 de la mañana

Puntual como un reloj suizo, me despierto para hacer pipí y empezar la parte insomne de la noche. Pero esta vez—hurray! y perdón por compartir tanto—no era solo pipí y no consigo dejar el baño hasta las 5:30! Es entonces que empiezo a sentir un dolor similar al del martes, pero más intenso, así que despierto a Alex. Como ninguno de los dos consigue dormir, pensando en bebés y historia de parto, decidimos desayunar omelette con jamón y queso—mi desayuno durante todo el embarazo, no quería otra cosa. Fue mala elección, porque lo habría vuelto a ver unas horas después en el lavabo :-(

Son las 6:15

De repente, el dolor se hace más intenso. Esta vez es diferente, pero como no tengo idea de que tipo de dolor esperarme y se que pueden pasar horas antes de tener una contracción de un minuto cada tres minutos (que es cuando “podemos” ir al hospital según lo que no dijo nuestra matrona en el curso pre-natal), me relajo y intento olvidarme del dolor.

Son casi las 7:00

Alex (primero de la clase en el curso prenatal ;-) cronometra todo con la precision de un juez de carrera. Las contracciones son irregulares todavía, cada 15 minutos, cada diez, pero ahora estoy segura de que ya no es falsa alarma y decido llamar a mi madre — que habría hecho una locura, comprado un ticket de avión last minute en business y llegado el esa misma tarde (abuela loca! :-).

Son las 7:30

Las contracciones parecen regularizarse, tengo una cada 8-10 minutos y duran exactamente un minuto (lo se porque Alex me hacía la cuenta atrás)—el cuerpo humano es una maquina perfecta! Pero ahora algo raro pasa, algo que no nos habían dicho en el curso prenatal. Las pausas entre una y otra se acortan y en los siguientes 45 minutos tengo una contracción cada seis minutos, cada cinco, cada cuatro…

Son las 8:30

Alex, ahora preocupado pero manteniendo la calma, me dice que non le parece normal que vaya tan rápido. El dolor también ha aumentado mucho, pero yo soy cabezona y no quiero llegar al hospital demasiado pronto y tener que esperara con otras mujeres que gritan. Le repito que quiero esperar hasta tener una contracción cada tres minutos, pero él insiste que me vista para ir al hospital.

Son las 8:50

Después de un viaje en coche de los más dolorosos de la historia de la raza humana, llegamos al hospital.

Son las 9:05

Una matrona amable y con la voz dulce me acompaña a los monitores, donde enseguida me dice con una sonrisa que podemos pasar a la sala de parto. Es aquí que llega la sorpresa: mi control mental ha funcionado porque ya estoy de 9cm — por lo visto si hubiese esperado 20 minutos más en casa habría parido en el coche :-P Muy pronto puedo empezar a empujar.

Son las 10:00 en punto

Esta fue la escena de horror de la historia de mi parto — pensaba estar preparada para enfrentar el dolor, pero no tenía idea alguna! Ingenuamente, pensaba que las contracciones eran la parte más dolorosa del trabajo de parto… no había entendido nada! El momento en que la cabeza empieza a salir y se queda allí parada entre una contracción la otra, eso es el momento más doloroso. Un dolor inhumano, que me hacia desear que llegara la siguiente contracción para poder empujar.

Pero aquí también tuve suerte y esta parte pasó rápido — justo después de gritar aterrorizada “no puedo, no puedo, no puedo”, empujé una vez más y vi un minúsculo monstruo blanco volar fuera de mi. Dentro de uno segundos, Oliver estaba dormido sobre mi pecho y, bueno, no hay palabras para describir ese momento. Pero NO—lo que dicen que se te olvida el dolor en cuanto tengas a tu niño en tus brazos, es una putada (y “putada” es un eufemismo!).

Así que esto fue todo. Después de tan solo cuatro horas de mi primera contracción y una hora de dolor inhumano, mi monito que ahora duerme el la otra habitación estaba aquí con nosotros :-)

Como fue tu parto? Me lo cuentas en un comentario?