La Tela di Carlotta
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La muerte está en todo lado. Pensemos en ella. Preparémonos para ella.

may 2, 2016

Hoy la mujer de un amigo nuestro ha muerto de un tumor muy agresivo que la ha matado en cuatro meses. Tenía unos años más que yo. Era una mujer deportista, sana, fuerte. Ella y su marido tenían sueño y esperanzas como nosotros, habían encontrado sus medias naranjas y pensaban pasar el resto de su vida juntos.

Yo la conocía de oídas, porque al comienzo de mi relación con Alex, su marido trabajaba con el mío, pero desde que le fue diagnosticado el tumor en diciembre, hemos seguido sus altibajos en el blog que él estaba escribiendo para amigos cercanos y lejanos: para mantenerles al día, para decirles que estaban luchando con toda su fuerza, pero también porque hablar de la noticia abiertamente les hacía parecer los desafíos futuros más soportables.

Cuatro meses. Ha tardado cuatro meses esta enfermedad en vencer una mujer sana en sus treintas. Me ha hecho recordad una vez más lo importante que es pensar en la muerte, prepararnos mentalmente a enfrentarla. Hoy estamos aquí, somos sanos, somos felices, pero mañana podríamos estar muertos.

Yo nunca he perdido a nadie de mi familia cercana: lo más cerca que he estado a la muerte ha sido perder a mi tío y a dos amigos, una por sus demonios interiores que la ha llevado a suicidarse y otro por un cancer con que él luchó durante seis años. Pero Alex perdió su madre cuando tenía seis años, la hija de mi amiga murió con dos años, el amigo de mi madre se fue un día a la playa y se ahogó delante de su familia.

La muerte está en todo lado y puede llegar a cualquiera en cualquier momento. Es una posibilidad real y nunca deberíamos dar la vida por hecho.

No estoy diciendo que seamos melodramáticos y masoquistas y que vivamos la vida en la tristeza porque mañana podríamos estar muertos. Pensar en la muerte es triste, sí, pero también nos da un poder: él de valorar al máximo lo que tenemos, el amore que recibimos, el amore que podemos dar, la felicidad que podemos encontrar hasta en los peores días. Pensar en la muerte debería ayudarnos poner todo en perspectiva, enfocarnos en lo que de verdad cuenta.

Pero no solo.

Deberíamos prepararnos mentalmente para la muerte, “tener un plan”.

Me hace sentir extremadamente triste pensare que si muriese dentro de dos años, Oliver ni se acordaría de mí; dentro de cinco años, sería como una foto borrosa en su cabeza; después le destrozaría el corazón y modelaría todo el resto de su vida. Alex tendría que crecerlo solo, con un enorme hueco en el corazón.

Pero pensar a la muerte de Alex y Oliver—y lo hago a menudo, especialmente desde que llegó Oliver—no solo me hace sentir triste, me aterroriza. Siento que podría matarme. Y es por eso que tengo que pensar en ella, visualizarme en esa situación y imaginar el dolor que probaría; imaginar como reaccionaría, como querría reaccionar, que tipo de madre querría ser para mi hijos si perdiésemos a Alex.

El padre de mi madre murió cuando ella tenía 17 años y ella entonces adolescente tuvo que encargarse de todo porque mi abuela no pudo aguantarlo. No quiero ser ese tipo de madre para mis hijos, forzarles a crecer y cuidar de mí mientras viven el mismo dolor que estoy viviendo yo.

El marido de mi amiga murió el año pasado (hace casi exactamente un año—estás siempre en nuestros corazones), padre de dos adolescentes, y ella ha sido una roca para ella misma y para sus hijos, les ha tratado de adultos, les ha empujado, pero ha estado allí para ellos cuando la necesitaban. Me gustaría ser ese tipo de madre.

La muerte asusta. Nada—ni preparase para ella—la hará más fácil, el dolor menos insoportable, los desafíos futuros menos agobiantes. Pero como todo lo que nos asusta—nuestro personales demonios interiores—la manera mejor para gestionarles es enfrentarles. Y como espero poder enfrentar este el demonio de la muerte mucho más alla em el tiempo, lo unico que puedo hacer ahora para sentirme más en control es enfrentarlo en mis pensamientos y prepararme mentalmente a la posibilidad.

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