La Tela di Carlotta
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Las apariencias no siempre engañan

ago 27, 2015

No todo el mundo es correcto y honesto. Lo se yo, lo sabéis vosotros. Y cuando la falsedad te da justo en la cara por mano de quién considerabas amigo, lo único que puedes hacer es aceptar que te han engañado, amortiguar el golpe cuanto mejor puedas y cada uno por su camino.

Y aunque mi primer instinto es reaccionar como Liam Neeson en Venganza (“Os buscaré, os encontraré y os mataré”), la verdad es que me enfado más con migo misma. Por no verlo venir y confiar en alguien que no merecía mi confianza. Y cuando la rabia se disuelve, me quedo con ese molesto “lo habría tenido que saber”—esa sensación que tienes cuando no quisiste ver las señales de peligro que acompañaban un encuentro o una decisión.

A quién le estamos engañando? No vivimos en un mundo perfecto. La mayoría de las veces las apariencias no engañan. A menudo, la primera impresión es correcta. Raramente el istinto se equivoca y no somos personas peores por hacerle caso—quizás más honestas y menos hipócritas. El beneficio de la duda puede irse al país de nunca jamás y nunca volver.

Y está bien así. No podemos gustarle a todo el mundo y no todo el mundo nos puede gustar a nosotros. No podemos siempre hacer buena impresión y siempre tener buena impresión de los demás. Si alguien no me gusta, no me tiene que gustar.

Y la verdad es que está bien. Prefiero tener un amigo menos y un día feliz más. Prefiero no añadir estrés inútil a una vida ya bastante complicada, hecha de personas imperfectas y responsabilidades agobiantes.

Y cuando no le gusto yo a alguien o me juzgan demasiado rápido, me conformo con saber quien soy. Una persona no perfecta, pero honesta y correcta al máximo de mis capacidades, en el trabajo y en la vida privada. Qui piensa en las consecuencias que sus acciones y palabras pueden tener en la vida de los demás. Que sabe tragar el orgullo y admitir cuando se equivoca. No avara y seguramente no hipócrita. Y sobre todo, soy una persona que vive con la conciencia tranquila, que es más de cuanto mucha gente pueda vantar.

Así que a quien acaba de engañarme—ella sabe quien es—digo solo: “Me conformo con saber que soy mejor persona que tú”.

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