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Las mamás estamos todas en el mismo barco — Team Mama

may 17, 2016 • Mamás, papás & niños

Hace unos meses, Isabella, una lectora aficionada (y yo a ella) con quien he descubierto comparti muchas ideas sobre la maternidad, me ha escrito algo que me ha hecho sonreír. Sus palabras son tan honestas, dulces y familiares que me han hecho pensar, una vez más, “La mamás estamos todas en el mismo barco, con los mismo problema, las misma preocupaciones, el mismo sentirnos culpables. Todas siempre a la búsqueda del secreto para ser madres y personan mejores”.

Así que hoy, con su permiso, quiero compartir contigo sus palabras y si, como yo, encuentra un poco de ti en ella, escríbenos, compártelo con nosotras. Porque la unión hace la fuerza—que tiene que convertirse en el eslogan de Team Mama. 💪🏻


Querida Carlotta,

Me llamo Isabella, mamá de Enea, nacido el 18 marzo 2015. He encontrado tu blog por casualidad hace unos diez días, buscando tutorials de móviles Montessori para el Open Day de los niños en la empresa donde trabajo.

Qué he encontrado, además de los tutorials? Una desconocida tan familiar que siento cariño hasta solo en escribirlo. En tus artículos, cada vez encuentro algo que estaba buscando, una confrontación que me hacía falta, un punto de vista que todavía no había descubierto o que no había tenido suficiente valor o motivación para seguir (porque estoy aprendiendo que casi nunca es cuestión de “tiempo” o “momento justo”, sino solo de motivación).

Tre idiomas que siento míos, uno por nacimiento, dos por sueños nunca realizados (y hoy puedo decir que la “culpa” es mía).

Admiración por lo que haces y escribes, incluso por como lo cuentas, que siempre hace la diferencia. Entre el “hacer” y el “decir de querer hacer”: diferencia en la que a menudo he caído.

Muchas afinidades, muchas diferencias. Afinidades que nos acercan, diferencias que enriquecen.

He pasado el último año de mi vida buscando información para ser una madre mejor, no solo una buena madre. Método Montessori, lactancia prolongada, amor incondicional, educación a la autonomía, alimentación complementaria, el saber que cada momento, por cuanto difícil, es una etapa y pasará (a veces incluso demasiado rápido). Esta mañana he encontrado la motivación para escribirte, leyendo tu post sobre el dejar llorar a tu hijo. Una mañana en la oficina con la lágrima fácil por una noche más difícil de lo normal.

Enea es muy bueno, buenísimo. En la guardería le llaman Felicetto porque sonríe siempre. Incluso por la noche es bueno, aunque se despierte cada 4 o 5 horas. Es raro que tarde mucho en volver a dormirse. Pero anoche sí que pasó. Había vuelto de la fiesta de empresa, estaba muerta, pero cada vez que estaba a punto de dormirme, él empezaba a llorar, en la cama junta a la mía (estamos intentando pasarlo a su habitación, pero estoy posponiendo con la excusa de crear el ambiente perfecto, cuando en realidad me cuesta “dejarlo ir”). En fin, no quería volver a dormir, buscaba la teta, pero eso tampoco funcionaba, y además ese vicio molesto de darme pellizcos con las uñas. De continuo. Tengo el cuello y el pecho como un campo minado, no sé como hacer que pare: le quito las manos, con cariño, las beso, pero nada, él vuelve a ponerlas allí, así que paso todo el tiempo quitándole las manos en lugar de besarlo y abrazarlo.

Y cuando, como anoche, pierdo la paciencia, no soy la madre cariñosa que quiero ser, no dejo que le calme el padre (que lo consigue en pocos minutos y después duerme bien), me tiro el día siguiente sintiéndome culpable y buscando soluciones.

Me aterroriza la idea de dejarlo llorar. Más todavía porque sé que es posible que no funcione. Ya lo intenté, en los primeros meses, víctima de todas esas sentencias como “si lo tienes siempre en brazos, lo mimas”. Aunque supiese que un bebé de pocos meses solo necesita amor y leche, mi continuo dudar de mi misma me hizo intentar, agobiada por tantas criticas y cansancio. Pero no funcionaba. Y quien sabe si funcionará ahora. Justo ayer me preguntaba: ¿Cómo se quita el pecho por la noche? Está bien hacerlo?”.

Intento escucharle a Enea. Cuando tiene que dormirse y estoy cerca, me busca, para calmarse. Pero hace unas semanas algo está cambiando: cuando está relajado y casi dormido me pide que le ponga en su cama.

Así que algo cambia, siguiendo solo su instinto, sin forzarle, pero no es siempre fácil. Y cuando pasa que no tengo ganas (o tengo deudas de paciencia) esto es lo que pasa: escribo para procesar y racionalizar mi desánimo. Perdón, esta vez te ha tocado a ti vestirte de esa amiga que me gustaría tener cerca en momentos así y que en mi grupo de amistades no consigo encontrar, que comparte mi visión de la maternidad y de la lactancia.

Gracias, Carlotta, por recurrir tu camino con el valor que hace falta, por anticipar tu vida en lugar de verla suceder. Yo estoy empezando ahora, conociendo bien mis limites, que quiero llegar casi a tocar para darme cuenta de que puedo superarlos, como ya ha hecho Enea, que me ha hecho descubrir mi valor, que es más de lo que pensaba.

Personas como tú me hacen entender que “sí, se puede conseguir, yo puedo con ello”. Como cuando durante el trabajo de parto ha llegado inesperada la madre de mi compañero, madre de seis hijos. Yo no quería ver a nadie, pero su presencia en ese momento difícil ha sido genial, me ha hecho pensar “Si ella ha hecho seis, yo seguro que puedo hacer por lo menos uno”. 😂