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Navidad y Montessori, ¿incompatibles?

dic 13, 2016 • Mamás, papás & niños

Incluso antes de ser padres y comenzar nuestro viaje Montessori, Alex y yo hablábamos a menudo sobre la Navidad y como celebrarla con nuestros hijos. No somos religiosos, solemos trabajar durante el período de Navidad, y para nosotros es más una fiesta consumista que otra cosa. No me malinterpretes, me encanta dar (y recibir) regalos, especialmente si tengo algo “perfecto” en mente, pero no siento la necesidad de esperar hasta la Navidad.

Además, después de embarcarnos en nuestro viaje Montessori, empecé a sentir que la Navidad como la conocía yo (el árbol, Papá Noel, los Reyes Magos, los regalos, el belén, las luces) no es compatible con el tipo de estilo de vida que quiero para nuestros hijos. Toda la filosofía Montessori se basa en decir siempre la verdad a nuestros hijos y respetarle profundamente, que culmina en el lema Montessori “sigue al niño”.

Así que he estado pensando durante mucho tiempo… ¿introducir personajes de fantasía como Papá Noel, los Reyes Magos, el Ratoncito Perez, el Conejo de Pascua… no es una forma de mentir a nuestros hijos?

Hemos pensado mucho sobre esto en los últimos años, y hoy me gustaría compartir algunas de nuestras reflexiones contigo (gracias también a Montessori en Casa y su Reto Montessori por ser siempre una fuente increíble de inspiración para mí).

Haz lo que quieres de tu vida y de tus tradiciones

En primer lugar, es posible que te sientas juzgado por algo que escribo en este post. Por favor, intenta que no sea así. No te estoy juzgando. De hecho, creo firmemente que las tradiciones (y la vida) son lo que cada uno quiere hacer de ellas.

Los padres deben decidir libremente qué hacer con sus niños en casa: si estás criando a tus niños Montessori, pero quieres que su Navidad sea llena de trajes rojo de Papá Noel y de regalos bajo el árbol, hazlo así (yo lo tuve en mi infancia y me encantó!), pero piensa en ello, intenta que sea una decisión consciente, no lo hagas solo porque “la Navidad es así”, piensa en las posibles consecuencias, en el significado que tendrá para tus hijos, como esta decisión podría entrar en conflicto con la filosofia de vida que deseas llevar y, si es así, cómo gestionar las diferencias.

Hoy te cuento como hemos decidimos hacerlo nosotros en nuestra familia, pero de nuevo, por favor, no dejes que nuestras decisiones personales te hagan sentir juzgado o criticado.

No queremos mentir a nuestros hijos

Alex y yo llegamos a la conclusión de que si introducimos Santa Claus en la vida de Oliver como una persona real que vuela en un trineo, baja por la chimenea por la noche y trae regalos—tratando de ocultar la verdad cuanto más posible para mantener la magia—estaríamos mintiéndole. Simplemente no queremos eso, así que no lo haremos.

El viaje que emprendimos a través de la filosofía Montessori coincide exactamente con lo que ya sentíamos—que mentir a nuestros hijos acerca de cualquier cosa, en el largo plazo socava su confianza en nosotros y su sentirse respetados como individuos.

Te doy un ejemplo banal: estamos conduciendo, Oliver comienza a llorar y yo le digo “Ya llegamos” cuando sé perfectamente que estamos todavía muy lejos. Decimos miles de estas  “mentiras blancas” a nuestros hijos en el día a día.

Pero a lo largo, que mensaje les estoy trasmitiendo? Que no pueden confiar en mí y en mis palabras. Creo que decirle que Santa Claus existe y es real será contraproducente cuando finalmente se enterarán de la verdad y que nosotros, sus padres, en que él confía, hemos contribuido a la mentira.

PERO.

Queremos respetar el derecho de nuestros hijos a creer

¿Qué pasa si Oliver un día llega a casa de la guardería y nos cuenta con entusiasmo que Santa existe de verdad? Porque pasará! ¿Le diremos que está equivocado, que es todo una gran mentira? No. Escucharemos a todo lo que tiene que contarnos y esperaremos a que haga preguntas.

Cuando lo hace (porque lo hará!)—mamá, Papá Noel existe de verdad, viene volando en un trineo y baja por la chimenea para traerme regalos?—no le mentiremos. Le diremos que no existe, pero que es una historia maravillosa y que él es libre de creer en ella si quiere, ¡hasta puede ser divertido!

Le haremos preguntas y le animaremos a encontrar sus propias respuestas (¿un hombre puede bajar de verdad por la chimenea? ¿Cómo puede volver a subir de nuevo? ¿Un trineo puede realmente volar? Los niños encuentran respuestas sorprendentes cuando quieren creer!) y intentaremos que se sienta libre de estar en desacuerdo con cualquiera (incluidos nosotros) si piensa que esa persona está equivocada.

No hace falta renunciar a las tradiciones de Navidad

No creemos en Santa, no somos religiosos, criamos a nuestros hijos Montessori, no tenemos tradiciones de Navidad… ¿quiere decir que no deberíamos celebrar la Navidad? Claro que no. La Navidad está llena de tradiciones hermosas e interesantes que son diferentes en cada cultura, y tengo muchas ganas de explorarlas todas con nuestros hijos, y aprender todas las diferentes maneras de celebrarlo en otros países.

En cuanto a nosotros, puede que no tengamos un belén, porque no abrazamos su aspecto religioso, pero vamos a hablar del belén y quizás podríamos tener un árbol de Navidad y aprender acerca de su origen—¿sabes que esta tradición, al igual que la fecha real en que celebramos la Navidad, tienen una origen pagana desde hace mucho antes de que se relacionara con el cristianismo? De la misma manera, vamos a aprender sobre el origen del Belén, Santa Claus, los Reyes Magos, sus significados en nuestra cultura y otras culturas…

La Navidad es mucho más que un par de semanas de vacaciones, regalos y personajes de fantasía, y eso es lo que me gustaría trasmitir a mis hijos!

¿Qué pasa con los regalos?

Alex y yo hemos dejado de intercambiar regalos el día de Navidad, porque queremos dar regalos cuando encontramos algo que nos gusta o cuando simplemente nos da la gana. De esta manera, también nos sentimos libre del aspecto consumista de la Navidad, de la ejecución para el regalo perfecto, el gasto de dinero para un regalo a cualquier precio.

En este sentido, me gustaría citar Cristina de Montessori en Casa que escribió en su bonito post sobre la Navidad:

No es ninguna novedad que vivimos en una sociedad consumista, pero en las fechas cercanas a la Navidad la fiebre consumista se dispara y parece que si no compramos todo lo que nos entra por los ojos no podemos ser felices, más de una vez me he horrorizado al escuchar en alguna película o serie (incluso las dirigidas a público infantil) frases como:"¡Oh no! Han desaparecido todos los regalos, ¡tenemos que encontrarlos para salvar la Navidad!"¿Cómo? ¿Me estás diciendo que necesitamos los regalos para "salvar" la Navidad? ¿Si no hay regalos la Navidad ya no vale? ¡¡Pero qué tipo de mensaje es ese!!Lo malo es que estamos tan acostumbrados a este tipo de mensajes que a veces ni somos conscientes de lo que realmente está llegando a nuestro cerebro, y peor aún, al de nuestros hijos, que están construyendo su escala de valores y reciben ese mensaje como válido y positivo.

PERO.

Siempre me ha gustado encontrar regalos debajo del árbol de Navidad, así que quizás decida encontrar una manera de mantener viva esa tradición para nuestros hijos. En este post te dejo una buena idea que leí en varios blogs—y que puede que adoptaremos en futuro.

Respetar la Navidad de otras personas

Nos damos cuenta, sin embargo, que no podemos (ni queremos) obligar otras personas a vivir la Navidad como la vivimos nosotros. La Navidad es un momento perfecto para reunirse con la familia (especialmente cuando se vive lejos) por una simple razón: la gente tiene vacaciones del trabajo!

Mi madre estará aquí esta Navidad, es muy religiosa, la Navidad tiene un significado diferente para ella de lo tiene para nosotros, y aunque no iremos con ella a la misa de medianoche o no celebraremos el nacimiento de Jesús, queremos respetar su manera de vivir la Navidad — por ejemplo, aceptando el regalo, compartiendo un almuerzo más especial — y queremos que Oliver también aprenda ese tipo de Navidad cuando sea un poco mayor y pueda darle un sentido propio.

Y si la familia también respeta nuestra manera de vivir la Navidad—y no imponen una misa o hablan como si Papá Noel fuera real—estoy segura de que todos disfrutaremos juntos de nuestras diferentes maneras de vivir la Navidad.

No te sientas juzgado, nuestra manera no es mejor que la tuya!

Quiero volver a decirlo, ya que me parece un tema delicado para muchas personas, especialmente cuando se cruza con sus creencias religiosas: nosotros decidimos celebrar la Navidad de esta manera—buscar nuestras propias tradiciones especiales, no sucumbir al aspecto consumista, convertirlo en una oportunidad para aprender sobre diferentes culturas del mundo, y compartirlo con la familia de una manera respetuosa—y sentimos se adapta bien con nuestro estilo de vida Montessori. Pero tú no tienes que hacer lo mismo, si no quieres.

Lo digo siempre, los extremos no son saludables: hay negro, blanco, y todos los tonos de gris en el medio. ¡Disfruta explorándoles todos y encuentra tu propia manera de vivir la Navidad!

¡Feliz Navidad a todos!


Te conté un poco sobre nuestras tradiciones de Navidad y ahora estoy curiosa por escuchar las tuyas. Que seas religioso o no, Montessori o no, ¿cómo celebras la Navidad con tus hijos? ¿Y cómo la celebrabas antes de tener niños o cuando eras tú misma una niña?