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Lo que significa tener un niño altamente sensible

dic 11, 2019 •

A veces comparto nuestras luchas con Oliver y sus malos días, incluso escribí una publicación sobre el tema (puedes encontrarla aquí), pero hay algo más que nunca compartí contigo, y es algo que me ha ayudado mucho a entender a Oliver.

Hace unos tres años, en busca de respuestas sobre los malos días recurrentes e impredecibles de Oliver, Alex y yo leímos un libro "The highly sensitive child" de Elaine Aron (El niño altamente sensible), e inmediatamente se encendió una bombilla en nuestras cabezas. Aunque no me gustan las etiquetas y intento no usarlas, instantáneamente sabíamos que tenemos un hijo altamente sensible.

También aprendimos que la alta sensibilidad es un rasgo con el que se nace, lo que nos ayudó a tener más empatía hacia Oliver, incluso (¡especialmente!) cuando no lo entendemos.

Mirando hacia atrás — porque podemos conectar los puntos solo mirando hacia atrás — nos dimos cuenta de que la alta sensibilidad ha sido parte de la personalidad de Oliver desde que nació.

Es difícil de explicar si no lo vives. Oliver siempre ha tenido emociones muy fuertes, que podrías describir como "exageradas"; siempre ha sido extremadamente sensible a los sentimientos de las personas; tiene un sentido muy fuerte de la justicia y sufre profundamente cuando la justicia se rompe en sus ojos. Él piensa mucho, muchísimo, a veces simplemente se sienta y piensa, mirando lo que lo rodea (creo que esa es parte de la razón por la que le encanta viajar en tren y autobús). Se siente fácilmente abrumado y frustrado, y a veces él solo se toma tiempo para él; siente las emociones de manera mucho más profunda que cualquier otra persona que yo conozca. Observa a fondo y nota cada pequeño detalle, y generalmente lo recuerda. Es extremadamente sensible a gustos y olores. La lista continúa, y va desde no tolerar las etiquetas en la ropa o los calcetines mojados, hasta hacer preguntas profundas y estimulantes.

Dicen que los niños altamente sensibles son propensos a convertirse en ambientalistas y, curiosamente, a pesar de que no somos vegetarianos, cuando tenía tres años, Oliver dejó de comer carne, porque no le gusta matar animales, y comenzó a tomar muy en serio la injusticia climática: casi siento que él me está enseñando a mí, y no al revés.

Un día — el día en que me inspiré para escribir esto — Oliver escuchó una canción repetida durante más de una hora, sentado en la cama cerca de la ventana y mirando el paisaje de Bangkok (¡tiene cuatro años!).

La canción era de la última película de Curious George, y se llama Nothing seems right anymore (ya nada para estar bien). Las palabras principales son:

“Intento ser bueno, pero de alguna manera todo sale mal, me siento triste, porque ya nada parece estar bien. Aunque sabes que el sol está brillando, de alguna manera el cielo se ha vuelto gris, como una gran nube oscura que se cierne, cubriendo un día soleado".

Al verlo así, perdido en sus pensamientos, me salieron las lágrimas, porque sé que él reconoce que a veces él también se siente así, y probablemente está tratando de darle sentido en su cabeza de 4 años.

Pero también porque creo que en todo momento descartamos sus sentimientos como "exagerados" o no respondemos a sus emociones cómo él necesita, porque no podemos relacionarnos, no entendemos o simplemente nuestras copas emocionales están llenas ese día.

Cada vez que no puedo ayudarle cómo lo necesita, pienso en ese libro y sé que tengo que mejorar yo misma. Y aunque todavía falle mucho, hoy en día también tengo mucho éxito, sobre todo en mi actitud delante su comportamiento.

En un mal día, es posible que tú veas a un niño que se "porta mal", "desobediente" y "malcriado", pero lo que veo yo veo es su alta sensibilidad — un rasgo de personalidad que quiero nutrir tanto como sea posible, y al mismo tiempo tratando de darle las herramientas para manejarlo.

Algunas personas me dicen que tengo que ser más estricta, pero la verdad es que es exactamente lo contrario. Tengo que olvidarme de mi ego y ser más dulce; tengo que controlar MI comportamiento en lugar de fijarme en el suyo; tengo que ser su capitán en una tormenta emocional, la persona en la que puede confiar para llevarlo a salvo, una guía, una fuente de energía tranquila cuando su cocodrilo toma el control de su cerebro racional. Tengo que validar sus emociones y responder a su intensidad con amabilidad. Tengo que tener claras mis prioridades: preocuparme por lo que piensa la gente en una crisis no es una prioridad, mantener la calma y el control de mis emociones es la prioridad. Tengo que ser la persona en la que me gustaría que se convirtiera.

Y esto no solo vale para las personas altamente sensibles (niños y adultos) y aún más para mí y Oliver — porque somos muy diferente y tenemos que encontrar un balance — sino creo que debería ser la regla para cada relación padre/hijo (¿para cada relación, punto?).

Porque si bien creo que es cierto lo que dicen, que nosotros, los padres, tenemos los niños que necesitamos para evolucionar (si somos lo suficientemente humildes como para aprender de ellos), no creo que sea cierto que los niños siempre tengan los padres que necesitan.

Los padres que todos los niños necesitan son los que están dispuestos a cambiarse por ellos, a evolucionar como personas y seres humanos, y a ser abiertos y dispuestos a comprender que los padres lo deben todo a sus hijos, y no al revés.

Si queremos un mundo mejor, un futuro más saludable y una nueva generación que sea más pacífica, más empática y más equilibrada, NOSOTROS, los padres, somos los que necesitamos crear esa generación. Y la única forma de comenzar es liderar con nuestro ejemplo.

Sé el cambio que quieres ver en el mundo, dice, y no vale solo para la lucha contra el clima y un estilo de vida sostenible, sino también para una educación gentil y respetuosa.