La Tela di Carlotta
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Porque quiero que mis hijos no estén de acuerdo conmigo y me enseñen que estoy quivocada

abr 29, 2019

Esta mañana Oliver tuvo una idea: decidió ir a la escuela en sus rollerblades.

Alex y yo intentamos convincerle que no, dicendole que “él todavía no es capaz” de patinar en terrenos difíciles y subir y bajar cuestas solo—el camino a la escuela es todo cuesta arriba o cuesta abajo.  Estaba tan convencida de que no podía hacerlo que incluso le dije: “Aún no eres lo suficientemente bueno, primero debes practicar con papá y luego puedes hacerlo”. Intenté hasta asustarlo: “El camino a la escuela es muy difícil en patines (¡es verdad!), todo es cuesta arriba y cuesta abajo y todavía tu no sabes hacerlo sin ayuda”.

Si conoces a Oliver, también sabrás que no hubo forma de que hacerle cambiar idea. Iba a haber una lucha de poder, así que miré la hora y decidí: “Ok, Oliver. Todavía es temprano. Si salimos a las 8:00 puedes patinar. Pero tienes que vestirte ahora mismo, no tendrás tiempo para jugar antes de irte y no podré ayudarte ne el camino, porque ya sabes que Emily necesita mi ayuda. Tienes que hacerlo todo solo. Está bien?”. Dijo que sí.

En pocas palabras, salimos media hora antes de lo normal, tardamos 45 minutos y se cayó  muuuchas veces, pero lo hizo, ¡patinó solo a la escuela!

Tuvo que parar a mitad de camino (¡de verdad es todo cuesta arriba!), y se quejó los últimos doscientos metros, pero Emily y yo le animamos y él estaba tan orgulloso de sí mismo cada vez que podía superar un obstáculo que le parecía demasiado difícil y cada vez que rechazaba mi ayuda, que le ofrecí varias veces—aceptó mi mano solo para bajar una cuesta con mucho pendiente.

Cuando digo que nuestros hijos nos enseñan si estamos dispuestos a aprender de ellos, esto es lo que me refiero.

Imagínate si no le hubiera escuchado. Me entristece haber estado tan convencida de que no podía hacerlo, como para preferir intentar derribarlo y decirle que no es lo suficientemente bueno para hacerle cambiar de opinión.

Intenté hacer lo que muchos padres hacen: decidir por él y decirle qué es lo que puede o no puede hacer según mi propio conocimiento de él y mi propia opinión. Todo porque era más conveniente para mí si cogía la bicicleta como siempre.

Afortunadamente, le enseñamos a Oliver a contradecirnos, a estar en desacuerdo con nosotros, a luchar por lo que él quiere. A demostrarnos que estamos equivocados. Lucho mucho con su ser cabezón y no siempre me sorprende positivamente, pero hoy me demostró que estoy luchando por una razón: el futuro Oliver, un pensador independiente, un adulto auto motivado que no deja que otros afecten su pensamiento, sus decisiones y su visión de sí mismo.

No siempre podemos dejar que nuestros hijos decidan, sé que a veces no hay suficiente tiempo, que no entienden completamente las consecuencias de sus decisiones—no importa cuánto las expliquemos—y entonces tenemos que tomar decisiones por ellos.  Pero cuanto más posible debemos creer en ellos y dejar que ellos decidan por si mismos, porque a menudo nos demostrarán no solo que pueden, sino que estamos equivocados.

Confía en ellos, Carlotta, ya sabes que siempre te sorprenden.

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