Porque quiero que mis hijos no estén de acuerdo conmigo y me enseñen que estoy quivocada

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Esta mañana Oliver tuvo una idea: decidió ir a la escuela en sus rollerblades.

Alex y yo intentamos convincerle que no, dicendole que “él todavía no es capaz” de patinar en terrenos difíciles y subir y bajar cuestas solo—el camino a la escuela es todo cuesta arriba o cuesta abajo.  Estaba tan convencida de que no podía hacerlo que incluso le dije: “Aún no eres lo suficientemente bueno, primero debes practicar con papá y luego puedes hacerlo”. Intenté hasta asustarlo: “El camino a la escuela es muy difícil en patines (¡es verdad!), todo es cuesta arriba y cuesta abajo y todavía tu no sabes hacerlo sin ayuda”.

Si conoces a Oliver, también sabrás que no hubo forma de que hacerle cambiar idea. Iba a haber una lucha de poder, así que miré la hora y decidí: “Ok, Oliver. Todavía es temprano. Si salimos a las 8:00 puedes patinar. Pero tienes que vestirte ahora mismo, no tendrás tiempo para jugar antes de irte y no podré ayudarte ne el camino, porque ya sabes que Emily necesita mi ayuda. Tienes que hacerlo todo solo. Está bien?”. Dijo que sí.

En pocas palabras, salimos media hora antes de lo normal, tardamos 45 minutos y se cayó  muuuchas veces, pero lo hizo, ¡patinó solo a la escuela!

Tuvo que parar a mitad de camino (¡de verdad es todo cuesta arriba!), y se quejó los últimos doscientos metros, pero Emily y yo le animamos y él estaba tan orgulloso de sí mismo cada vez que podía superar un obstáculo que le parecía demasiado difícil y cada vez que rechazaba mi ayuda, que le ofrecí varias veces—aceptó mi mano solo para bajar una cuesta con mucho pendiente.

Cuando digo que nuestros hijos nos enseñan si estamos dispuestos a aprender de ellos, esto es lo que me refiero.

Imagínate si no le hubiera escuchado. Me entristece haber estado tan convencida de que no podía hacerlo, como para preferir intentar derribarlo y decirle que no es lo suficientemente bueno para hacerle cambiar de opinión. 

Intenté hacer lo que muchos padres hacen: decidir por él y decirle qué es lo que puede o no puede hacer según mi propio conocimiento de él y mi propia opinión. Todo porque era más conveniente para mí si cogía la bicicleta como siempre.

Afortunadamente, le enseñamos a Oliver a contradecirnos, a estar en desacuerdo con nosotros, a luchar por lo que él quiere. A demostrarnos que estamos equivocados. Lucho mucho con su ser cabezón y no siempre me sorprende positivamente, pero hoy me demostró que estoy luchando por una razón: el futuro Oliver, un pensador independiente, un adulto auto motivado que no deja que otros afecten su pensamiento, sus decisiones y su visión de sí mismo.

No siempre podemos dejar que nuestros hijos decidan, sé que a veces no hay suficiente tiempo, que no entienden completamente las consecuencias de sus decisiones—no importa cuánto las expliquemos—y entonces tenemos que tomar decisiones por ellos.  Pero cuanto más posible debemos creer en ellos y dejar que ellos decidan por si mismos, porque a menudo nos demostrarán no solo que pueden, sino que estamos equivocados.

Confía en ellos, Carlotta, ya sabes que siempre te sorprenden.


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La mujer detrás de las palabras

Me llamo Carlotta, tengo 33 años, soy italiana, estoy casada con un finlandés, y juntos criamos a Oliver (4) y Emily (2) Montessori e multilingües. Estamos vendiendo todo para viajar por el mundo.

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  1. Che bello Carlotta!
    Io non faccio bene il mio lavoro di madre a volte, per la fretta, per le contingenze che ti portano a dover dare priorità ad altro, per il timore…ma se c’è una cosa che lascio fare a mio figlio è provare.
    Provare e fallire, provare ed avere successo.
    Con le cadute, le gioie e le delusioni che comporta.
    E’ vero, non si può fare sempre e non si può fare per tutto, ma quando riesco a farlo e vedo che, come nel tuo caso, lui mi smentisce e va contro ogni mia più negativa previsione, sono così felice perché so che lui stesso è ancora più orgoglioso di se.
    Quando poi è capitato che mi abbia detto: “Hai visto mamma, fidati di me, sapevo di potercela fare”. Beh, li ho capito di aver vinto un po’ anch’io con lui.
    Certo, questo non significa far comandare il bambino, ma avere un bambino capace di un pensiero autonomo e consapevole, che sarà in grado di accettare i suoi limiti perché li ha provati e non perché qualcuno gli ha detto che lo erano.
    Grazie per questa bella conferma e per l’aiuto e gli spunti che mi dai sempre.
    Un abbraccio. Silvia

    • Carlotta - abril 30, 2019

      Grazie a te, Silvia, per questo commento molto profondo e per aver condiviso con noi la tua esperienza. Che bello quando le conferme ce le danno proprio i nostri bimbi! Stiamo facendo un ottimo lavoro con loro, a volte vale la pena ricordarcelo e darci una pacca sulla spalla. Quindi ti do un cinque virtuale! Un abbraccio forte 🌸


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