La Tela di Carlotta
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Torino (Italia) con niños pequeños

abr 21, 2016

Gracias a Greg por las fotos

Estudié en Torino unos años, pero me di cuenta de lo poco que la conozco solo hace unos meses, cuando Alex y yo encontramos un señor americano en una cafetería y empezamos a charlar. Había visitado Torino más que una vez, la adoraba y la conocía incluso mejor que yo. Así que cuando volvimos a Italia hace unas semanas, tenía una misión: visitar Torino con ojos de turista y conocerla mejor.

Tenía esta idea romántica de que viajar con niños puede ser rápido como viajar solo Alex y yo. No es así! La verdad es que esta vez mi misión era imposible. Viajar con un niño pequeño es lento e impredecible.

Pero he descubierto que si te dejas guiar por el niño, puede también ser divertido, bonito y relajado—sin esa prisa de cuando tenemos que visitar todo y si tenemos solo 30 minutos más quizás podamos todavía llegar a “ese museo”.

Así que esta visita a Torino no fue tan llena de acción como la había imaginado, pero sin embargo maravillosa.

Museo del cinema en La Mole

Alex, Cri, Greg y yo (Greg es el novio de mi hermana y escucharéis hablar de él durante mucho tiempo. Me encanta añadir personajes a La Tela)… en fin, salimos de casa de mi papá en Alba sobre las 9:30 y como convencí a todo el mundo que no nos hacía falta GPS porque me sabía el camino perfectamente, llegamos un poco más tarde de la cuenta. Deben de haber cambiado las calles y os cruces desde mi tiempo en la universidad ;-)

Llegamos sobre las 11:00, aparcamos en el nuevo parking subterráneo debajo de Piazza San Carlo (17€ 9 horas, pero valió la pena) y nos dirigimos enseguida hacia La Mole. Greg es un director cinematográfico (mi nuevo personaje es incluso cool!)—y muy bueno, échale un vistazo!—y sabía que entre todos los museos, habría disfrutado más el del cinema. Así que decidimos ir allí y visitarlo con tranquilidad.

Nos encantó: si nunca estuviste, la próxima vez que estás en Torino, debes ir! Oliver correteaba por todo lado, miraba, tocaba, se tiraba al suelo, se hipnotizaba con las imágenes, flirteaba con las “signorine”…

… y antes que nos diéramos cuenta, eran las 15:00 horas y nuestras barrigas murmullaban!

Almuerzo en Torino

Nos olvidamos de que Torino no es Marbella: almuerzo es mucho antes de las 15:00 y los restaurantes cierran a veces. Queríamos ir al Poor Manger que mi amiga Erika nos había recomendado porque es “bueno, te llena y economico” (perfecto!). Estaba cerrado.

Así que volvimos a La Mole, donde nos comimos una piadina en la Piadineria La Piê: Oliver ha probado y aprobado todas nuestras piadine y también se comió un plato gigante de prosciutto cotto que el dueño le dio durante la espera. Y fue más barato de lo que me esperaba delante de La Mole: cuatro piadine, dos porciones de patate fritte y una botella de vino rosso, 50€.

Ascensor panorámico en La Mole

Como habíamos comprado también las entradas para el ascensor panorámico, después de comer volvimos a La Mole y nos subimos valientemente al ascensor: suerte que es una parada única porque si hubiese parado a mitad camino puede que no habría vuelto a subir… he descubierto desde poco que tengo un poco de fobia a las alturas! Oliver, sin embargo, no hizo ni caso al ascensor hecho enteramente de cristal y pareció disfrutar estar en cima del mundo!

El museo tenía un cambiador en los aseos (que utilizamos dos veces!), pero me sorprendió que no tenía ni una rampa para entrar y salir. ¿O no la vimos?

Giardini Reali

Había leído de la grande inauguración de los Jardines Reales en Piazza Castello, así que decidimos visitarlos. Que desilusión! No había nada, ni hierba en el jardín, ni agua en la fuente, ni hojas en los arboles. Quién decidió que estaban listos para inaugurar tendría que ser despedido! Suerte que por lo menos no hicimos cola: parece que en el fin de semana, la gente se tiró dos o tres horas en cola… seguro que le encantó!

Pero si tengo que decir la verdad, no nos interesaban mucho los jardines: Oliver estaba dormido en el carrito, nosotros cuatro nos lo estábamos pasando fenomenal y la vida era bella.

Miagola Café

Eran casi las 18:00 horas y estábamos cansados, pero no podía irme de Torino sin volver a ver a mis amigas Erika y Ludi. Volvimos a Piazza San Carlo, donde habíamos aparcado, y quedamos con ellas en la cafetería Miagola. Fue rápido y frenético (Oliver y los niños de Ludi perseguían a los gatos, nosotros perseguíamos a los niños que subían y bajaban escaleras, se chocaban con la puertas de cristal…), pero valió la pena para darse cuenta que cuando la amistad es fuerte y verdadera, el tiempo para y 10 años sin verse parecen 10 días.

No me lo creo que no sacamos ni una foto! :-(

La vuelta

Saludamos a todo el mundo, incluyendo Torino, sobre las 20:00 horas y volvimos a Alba (no sé porque, pero esta vez todo el mundo prefirió seguir el GPS… gente de poca fe!) donde papá y Mariò nos esperaban con un plato de pasta alla Norma (no, paleo no existe en Italia ;-) que Oliver se comió enterito antes de quedarse dormido hasta la mañana siguiente.

Me encantó cada momento!

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